
¿Cuándo fue la última vez que abrazaste a tu niño interior… sin exigirle nada a cambio?
A veces buscamos bienestar en lo grande y olvidamos lo más simple: volver a la inocencia. Ese niño interior sigue vivo en ti; no es “pasado”, es una energía que guarda alegría, curiosidad y también heridas que piden ternura. Sanar no siempre es revivir el dolor, sino aprender a sostenerlo con amor.
Hoy te propongo un encuentro suave: cierra los ojos, respira tres veces y recuerda un momento en el que te sentías seguro/a y libre (una canción, un olor, un juego). Lleva esa escena al corazón y dile a tu niño: “Estoy aquí. Te veo. No estás solo/a”. Luego pregúntale: ¿qué necesitas para sentirte en paz? Escucha sin juzgar.
Coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen, como un abrazo. Después, escribe una frase que tu niño necesitaba escuchar: “Eres suficiente”, “No tienes que ganarte el amor”, “Puedes descansar”.
Cuando honramos esa parte, el cuerpo se relaja, la mente se aquieta y el alma recupera su brillo. Vuelve a jugar, a crear, a reír sin permiso. Tu inocencia no es ingenuidad: es medicina.
✨ Intención del día: “Me permito sanar con dulzura y recuperar mi alegría esencial.”
☀️ Feliz viaje de auto descubrimiento y despertar.
🙏Gracias, 🙏gracias, 🙏gracias, Namaste, @dinopierini
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